El sistema cárstico-antropogénico de la Península de Yucatán

Imagen: Huellas de manos en una cueva en Yucatán (GAM/INAH)

Gran parte de la civilización maya en Mesoamérica precolombina se estableció en un terreno carstificado que incluía partes de lo que ahora son Belice, Guatemala, el norte de Honduras y el sureste de México. Por definición, existe poca agua superficial en el carst (o karst), por lo tanto, para que los mayas de entonces florecieran en ese terreno, y para que las comunidades que hoy habitan la zona lo hagan de manera sostenible, deben utilizar de manera efectiva y eficiente todos sus recursos hídricos.

Cenote Xtacumbilxunan, en Bolonchén (‘nueve pozos de agua’) Campeche. Este pueblo escapó a la epidemia de cólera de 1833. La única fuente de agua dulce fluye en las profundidades debajo de gruesas capas de roca caliza. Litografía por H Warren. Imagen publicada en “Views of Ancient Monuments in Central America, Chiapas and Yucatan” – Frederick Catherwood (1844).

A continuación presento una idea que me parece fundamental, que consiste en la comprensión del sistema geomorfológico del área de la Península de Yucatán conjugando elementos relacionados con los procesos de carstificación naturales (clima, oscilaciones en el nivel del mar, flujos de agua subterránea, movimientos tectónicos y el impacto del meteorito de Chicxulub, de manera indirecta) con los procesos derivados de la interacción e influencia humana en el entorno, dando paso al sistema cárstico-antropogénico, que enfatiza esta interacción. Para ello, me baso principalmente en el trabajo de Lebedeva et al. (2017) añadiendo algunas notas personales.

Las cuevas y cenotes de la Península de Yucatán fueron utilizadas por seres humanos como alojamiento y para otras actividades desde hace mucho tiempo. Según el Popol Vuh (‘libro del consejo’ o ‘libro de la comunidad’, un sagrado libro de los Mayas), fue desde una cueva que aparecieron las primeras personas en el planeta Tierra. El mundo subterráneo de Xibalbá sirvió como el hábitat de los dioses y los cenotes serían portales a la otra vida. Probablemente, como la humedad se condensa para producir neblina cuando penetra aire caliente a las cavernas, el libro describe que desde las cuevas nacen las nubes que luego ascienden a los cielos y producen las lluvias tan esperadas que garantizan buenas cosechas.

Altar dedicado a Chaac, deidad maya de la lluvia, descubierto bajo el agua en el Sistema Sac Actún. Fotografía: GAM/INAH.

Las cuevas, de acuerdo con su uso, podrían subdividirse en santuarios, cuartos de servicio y lugares donde se extraía arcilla y sascab. En cuevas rituales, además de altares, dibujos murales, bajorrelieves, petrograbados y lugares para diversos tipos de sacrificio, fueron descubiertas fuentes de agua sagrada (zuhuy ha) para las cuales estaba prohibido tocarlas por manos humanas. En ellas recogían agua escurrida de estalactitas y estalagmitas en reservorios especiales.

En Actun Usil fueron encontradas pinturas que indican los rincones del mundo y las inscripciones sugieren que fue utilizado para fines astronómicos. Las cuevas con iluminación natural se emplearon como salas de trabajo: cerámica, piedras de molino y otros artículos de piedra se han encontrado en ellas. El tercer grupo de cuevas servía para recoger arcilla o sascab, para ser utilizada en la fabricación de cerámica o como estuco para el acabado de las paredes de las casas. Es evidente que las cavidades subterráneas fueron modificadas o reconstruidas parcialmente durante su utilización por las manos de sus habitantes.

Hallan cueva con pinturas rupestres en sureste de México (EFE, Mérida 24/07/2018).

Las crónicas españolas de 1562 hacen mención de al menos 17 cuevas y cenotes sagrados. Sin embargo, de hecho existía un número mucho mayor de cuevas rituales. Más de 300 cuevas y cenotes han sido registrados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) solamente en la región de Puuc y un total de más de 2,000 han sido reportados. Las cuevas rituales de Balankanché  fueron descubiertas no muy lejos de Chichén Itzá, allí estaba el santuario construido en honor de la deidad Chaac y que consta del Altar del Jaguar y del Altar de las Aguas Prístinas. El santuario estaba aislado para el año 842 durante el primer declive de la civilización maya. La longitud total del sistema alcanza los 800 metros.

Contornos topográficos de la cueva de Balankanché basados en el mapa topográfico de Bruce Rogers (AMCS, 2004)

Al suroeste, en la región histórica de Puuc, con un terreno casi plano, se encontró en 1959 el sistema de cuevas Loltún. La cerámica encontrada sugiere que el lugar fue utilizado para rituales a lo largo de casi 2,500 años y los rastros más antiguos de hábitats humanos tienen más de 10 mil años. La fauna fósil encontrada sugiere que el lugar existe desde hace al menos 14 mil años. Este sistema abarca más de 6 km de longitud. También se utilizaban estalactitas huecas como instrumentos rituales, que producen un sonido apagado y prolongado.

La influencia antropogénica más intensa en el sistema cárstico de Yucatán comenzó con el florecimiento de las ciudades-estado. Según estimaciones realizadas en diferentes regiones de la península, durante el siglo XVI existían diez ciudades-estado con una población de más de diez mil personas cada una. Una de las regiones más notables de la parte montañosa central de Yucatán es la mencionada región histórica de Puuc, donde se encuentran las ciudades de Mayapán y Uxmal. Probablemente preferían vivir en zonas de relieve con buen drenaje y los asentamientos siempre surgieron cerca de fuentes de agua cársticas en cuevas o cenotes, porque durante temporadas de sequía todos los cuerpos de agua superficiales permanecían secos.

La zona arqueológica de Uxmal está rodeada de una hilera de cerros que enmarcan la serie de asentamientos caracterizados por la proporción de sus edificios y fachadas bellamente decoradas en filigrana de piedra (CULTUR).

Los mayas vivían en pequeños grupos, cada uno de los cuales tenía su propia fuente de agua para consumo. Cada grupo era una unidad económicamente independiente con relaciones parentales-tribales y poseía una parcela definida de tierra. Los cenotes también fueron considerados como los lugares habitados por los espíritus de los antepasados ​​de un determinado grupo. Varios asentamientos más pequeños formaron parte de un gran ordenamiento territorial que giraba en torno a cuevas sagradas.

Friso del Cuadrángulo de las Monjas en la zona arqueológica de Uxmal. Fotografía: Ignacio Guevara

El desarrollo de los asentamientos y las ciudades estuvo acompañado por la deforestación para obtener territorios despejados para la construcción y las tierras agrícolas, así como para el combustible y la cocción de la cal utilizada para la preparación del estuco como cubierta decorativa para palacios y templos. El uso activo de la roca caliza para la construcción de gigantescos complejos de templos y viviendas llevaron a la creación de canteras (saskaberas), lo que contribuyó a una modificación del terreno y una intensificación de los procesos de carstificación. Las ciudades y villas estaban todas conectadas por una red de caminos pavimentados de polvo de roca caliza, llamados sacbé.

Especialistas del INAH incorporan a un sistema de información geográfica registros sobre el camino que comunica asentamientos mayas cercanos a Uxmal (SIPSE).

Eran caminos elevados pavimentados por estuco blanco de entre 4 y 20 m de ancho, cuya longitud podría alcanzar más de 300 km. Cuanto más intenso fue el desarrollo de la civilización, más grande se convirtió el área del territorio carente de vegetación natural, sobre la que ocurrían procesos de erosión y pérdida de suelo.

Como resultado de la interacción de la civilización maya con el paisaje cárstico de la península, los sistemas geomorfológicos se transformaron en un sistema cárstico-antropogénico (Lebedeva et al., 2017). Cuevas, cavernas y cenotes experimentaron el impacto antropogénico. El agua subterránea determinaba la concentración de los asentamientos humanos, que utilizaban fuentes naturales pero que también construyeron almacenes subterráneos artificiales de agua, llamados chultunes (aljibe o silo abierto recoger agua llovediza o para almacenar maíz)​, los cuales son un sistema de captación y almacenamiento pluvial compuesto de una cámara subterránea en forma de botella.

Perspectiva de reconstitución que ilustra un posible uso contextual de chultún para almacenamiento de agua captada por una superficie próxima a unidades habitacionales (Izq. Tribuna Campeche/Der. RMArq).

Sus entradas estaban rodeadas por canalizaciones que dirigían el agua de lluvia hacia el interior de ellos durante las estaciones lluviosas. La mayor parte de estos yacimientos arqueológicos funcionaron como cisternas para el agua potable, aunque algunos fueron dispuestos para almacenar maíz en condiciones convenientes para el grano.

Después de la contracción de la civilización maya, se registra otra transformación del sistema, con una etapa dominada por procesos cársticos naturales y otra contemporánea, con una renovada intensificación de la carga antropogénica. En la década de 1980, la Península de Yucatán, sobre todo el estado de Quintana Roo, experimentó el inicio del auge del desarrollo turístico y la transformación del sistema cárstico-antropogénico con un fuerte componente antropogénico. La presión antropogénica en el territorio se incrementó como resultado  de un marcado aumento en el tamaño de la población, intensa construcción, actividades recreativas y un mayor aprovechamiento de los recursos naturales.

Maquinaria en cenote de Playa del Carmen, colonia El Campestre (Fotografía Luis Ballesteros/SIPSE).

Esta última etapa de transformación se distingue por una extensión del impacto desde la superficie hasta conductos y pasajes subterráneos. Las cuevas están sujetas a destrucción mecánica por explosivos o maquinaria, como sucede en muchos sitios naturales habilitados para “rafting” en ríos subterráneos, lo que aumenta el impacto de contaminantes infiltrados hacia capas cada vez más profundas. En la actualidad el impacto en el paisaje cárstico de la Península de Yucatán es considerable, asociado también a visitas intensivas a zonas arqueológicas, cuevas y cenotes.


Referencias

Catherwood, F. (1844) Views of ancient monuments in Central America, Chiapas and Yucatan. Argyll Place, London.

Lebedeva, E.V., Mikhalev, D.V., & Nekrasova, L.A. (2017) Evolutionary stages of the karst-anthropogenic system of the Yucatán Peninsula. Geography and Natural Resources 38(3):303-311. doi:10.1134/S187537281703012X

Rogers, Bruce (2004) Grutas de Balancanche. Association of Mexican Cave Studies. AMCS Activities Newsletter 27:79-83.

Thompson J.E.S. (2004)  Historia y religión de los mayas. 12a ed. Siglo XXI. México, 485p. ISBN 9789682304539

Veni, G. (1990) Maya Utilization of Karst Groundwater Resources, Environmental Geology and Water Sciences 16(1):63-66. doi:10.1007/BF01702224


Enlaces de interés

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